Publicado en La Vanguardia

El Cráter no es un hotel cualquiera. Se encuentra a unos pocos cientos de metros de la línea ecuatorial y en el borde del Pululahua, un volcán habitado. De estas características tan solo hay dos en el planeta: uno está en Japón y este de Ecuador. El volcán ha estado rodeado de mística, ya que desde tiempos inmemoriales los chamanes de la región lo han usado como escenario para sus ceremonias.

Los iniciados aseguran que aquí convergen los cuatro elementos. El cráter conecta con el mismísimo centro de la Tierra. Cuando expulsa lava y sedimentos realiza una conexión con los cielos, vinculándose de esta manera con el elemento aire. El fuego está representado por la lava del volcán. Finalmente, el agua se manifiesta en forma de nubes, que a diario remontan la ladera del volcán.

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 © Miguel Ángel Vicente de Vera

Un volcán habitado

Lo cierto es que el lugar es de una insultante belleza y emana una suerte de paz a todo aquel que lo visita. El hotel está justo en el borde del cráter. Desde cualquier punto se puede contemplar su magnitud y forma circular, con un diámetro total de 12 kilómetros. Al fondo se avistan unas pequeñas casas, donde viven alrededor de 40 familias dedicadas a la agricultura.

Por las tardes se produce un efecto natural realmente fascinante, sobre todo para el que no está acostumbrado a vivir en las alturas. Las corrientes de aire impulsan grandes masas de nubes que provienen de la costa ecuatoriana. Se avecinan como si fueran una gigantesca bandada de aves blancas, que ascienden por la ladera del volcán. En cuestión de segundos, la totalidad del paisaje desaparece literalmente bajo una gigante bruma blanca.

 © Miguel Ángel Vicente de Vera

Las nubes invaden el espacio, y por unos instantes te acarician el rostro antes de continuar su migración. Entre sus próximos proyectos, está el de ofrecer a los clientes agua de nubes que recogerán, previamente, con un sistema de mallas.

Además de toda esa carga esotérica, el Pululahua es una Reserva Geobotánica de una gran riqueza medioambiental. Comprende un área de 3.383 hectáreas donde viven 1.000 especies vegetales, entre las que destacan el arrayán, el roble, el nogal y el cedro, así como numerosas orquídeas. En el interior del volcán todavía se pueden encontrar pavas de monte, zorrillos, lobos de páramo, boas y lagartijas. Los dueños del hotel han llegado a ver, no muy lejos de allí, un oso de anteojos, la única especie que habita en el continente americano.

Un volcán cerca de Quito

A pesar de su enorme biodiversidad y singularidad, el hotel El Cráter está a tan solo 17 kilómetros de Quito, unos 25 minutos por carretera, y a unos cinco minutos de La Mitad del Mundo, uno de los grandes destinos turísticos del país.

 © Miguel Ángel Vicente de Vera

El hotel cuenta con 12 suites con unas privilegiadas vistas, hacia el verde cráter, por un lado, y hacia la árida zona del noroccidental de Quito, por el otro. Las habitaciones son amplias y cómodas, con unos soberbios ventanales para contemplar el volcán. La decoración es minimalista, y su arquitectura rinde tributo a los materiales de la zona, como la piedra volcánica o las flores endémicas.

© Miguel Ángel Vicente de Vera

El arte está muy presente en el Cráter. Mónica Baca, una de las propietarias, es una apasionada del arte. Antes de abrir el hotel, hace 25 años, era la propietaria de una galería de arte en Quito. Su hermana Paulina, una reconocida escultora ecuatoriana, ha cedido al hotel varias de sus obras. En cada rincón encontramos esculturas, pinturas y demás objetos artísticos de notables autores como Nelson Román o Ramiro Jácome.

© Miguel Ángel Vicente de Vera

El hotel cuenta además con una galería de arte, donde con regularidad se presentan exposiciones. En las paredes también cuelgan fotos de algunos personajes ilustres que visitaron el hotel, como el actual rey de España Felipe VI, Gloria Estefan, el grupo musical Maná, el humorista Quino y varios presidentes de gobierno latinoamericanos.

Restaurante gourmet

El restaurante es un lugar muy concurrido. Quiteños y extranjeros acuden a diario para disfrutar de las vistas y deleitarse con su excelente cocina. La mayoría de los platos forman parte de la tradición culinaria ecuatoriana, como el locro de papa, una crema de puré de patatas y queso, la fritada, carne de cerdo frita servida con mote (maíz blanco), aguacate y plátanos maduros fritos o la famosa corvina. También hay platos de cocina internacional y una surtida carta de vinos.

En la visita al hotel El Cráter no podemos dejar de mencionar el Spa Joyas del Ecuador, una experiencia de esas que no se olvidan. El edificio en sí es una maravilla, recuerda a una base espacial; es una estructura circular con cuatro salas rematada por grandes ventanales. Cada una de ellas está vinculada a uno de los cuatro elementos.

© Miguel Ángel Vicente de Vera

En el centro de la construcción hay una sala circular para meditar y realizar pequeños conciertos con cuencos tibetanos. En el exterior hay una zona de descanso con vistas al volcán y una enorme espiral hecha con piedras blancas. Los servicios son exquisitos, atendidos por un personal con profundos conocimientos. Además de masajes ofrecen sesiones de yoga, reiki y musicoterapia. Con esta nueva actividad El Cráter propone una experiencia integral para aprovechar este entorno privilegiado y cuidar el cuerpo, pero también el alma.

© Miguel Ángel Vicente de Vera

 

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