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Bitácora de un día cualquiera en un viaje a la Antártida

Crónica de una jornada en la estación científica ecuatoriana Pedro Vicente Maldonado.

Publicado en diario El Expreso

A las 6:45 comienzan a sonar los primeros acordes de ‘Master of puppets’, de Metallica. Para el Toque de Diana cada uno de los rancheros (expedicionarios que de manera rotativa se encargan diariamente de servir las comidas) elije la música que más le gusta. Desde la ventana se divisa un mar sosegado de color plomizo moteado con nubes, en la playa de tierra negra hay algunos copos de nieve. A las 7:15 los integrantes de la expedición del viaje a la Antártida desayunamos café o té acompañado por arepas, empanadas e incluso hamburguesas. Por supuesto que no falta el clásico recalentado.

Sobre las 8:30 todos están trabajando, en la construcción del nuevo módulo de Mando y Control o en las investigaciones. Pero cuidado, antes de salir al mundo exterior hay que prepararse. A pesar de que estamos en febrero, uno de los meses más calurosos de la Antártida, en la base se registraron temperaturas de hasta -20 °C y vientos de hasta 80 kilómetros por hora. Llevamos tres capas superpuestas -la última impermeable- gafas de sol polarizadas, guantes, gorro, botas y bloqueador solar.

Paisaje del viaje a la Antártida
© Miguel Ángel Vicente de Vera

Científicos en el viaje a la  Antártida

Los científicos salen a recoger muestras, siempre en con un mínimo de dos personas, por cuestiones de seguridad. El doctor francés en teledetección de radares Cristophe Fatras estudia la disminución de los glaciares en la isla, como resultado del cambio climático; la doctora en arqueología Beatriz Fajardo trabaja en la hipótesis de grupos humanos prehistóricos que habitaron el continente blanco; el doctor Miguel Gualoto, quien  realizó el viaje a la Antártida, investiga microorganismos que sean capaces de absorber hidrocarburos. Por su parte el químico Carlos Banchón analiza procesos químicos naturales para eliminar la contaminación del agua, por tan solo citar algunos ejemplos.

 

La base ecuatoriana Pedro Vicente Maldonado está ubicada en la isla Greenwich, en el archipiélago de las Shetland del Sur, muy cerca del continente antártico. Fue inaugurada en 1988, desde entonces se han llevado a cabo XXII expediciones, siempre con una finalidad científica. En la de este año participaron 31 expedicionarios, entre científicos, militares y servidores públicos. Tan solo está abierta en los meses del llamado verano antártico, desde noviembre a marzo. En este viaje a la Antártida  permanecimos 33 días, desde el 31 de enero hasta el 3 de marzo. Consta de cuatro módulos metálicos rectangulares de color naranja –para ser visibles desde el cielo- aislados térmicamente: el laboratorio, la casa de botes y otros dos que albergan los baños, la cocina y el salón. Todas las estancias disponen de calefacción.

estacion científica Pedro Vicente Maldonado
© Miguel Ángel Vicente de Vera

En el exterior un grupo de soldadores ultiman la estructura metálica del quinto módulo de Mando y Control. Trabajan como un enjambre de abejas: todos y cada uno de ellos conocen a la perfección su cometido. Son rápidos y eficientes, trabajan contra reloj, ya que debido a las condiciones meteorológicas hay días que no se puede ni salir de la base, sobre todo cuando nieva.

El ambiente que se respira es excepcional, abunda la camaradería y el buen humor. La expedición, organizada por la Armada de Ecuador, es consciente de la experiencia única que protagonizan. La presencia del comandante Julio Ortiz Melo, líder del contingente, tiene mucho que ver. De carácter vitalista y amable, pero firme a la hora de tomar decisiones, dirige y organiza cada una de las operaciones. Desde Guayaquil, el comandante Juan Carlos Proaño, director durante tres años del Instituto Antártico Ecuatoriano, se encarga de la logística y de que todo avance correctamente.

Gastronomía en la Antártida

A las 12:30 es el almuerzo. Con su excelente sazón los chefs Oscar y Adrián se encargan menguar la melancolía que pudiera provocar la distancia y el aislamiento: caldo de patas, tilapia con marisco, ceviche de camarón, guatita, bolón de queso, la lista es interminable… Hasta las 14:00 hay descanso. La jornada laboral se extiende hasta las 19:00, hora de la cena. Luego llega la ducha y un merecido tiempo de ocio, normalmente vemos alguna película o jugamos a las cartas. Nada de redes sociales o internet, tan solo disponemos de un mail comunitario para enviar mensajes, una suerte de experimento social con el que todos comulgan. A los pocos días nadie se acuerda de Whatsapp, mientras que las relaciones interpersonales se viven con mayor intensidad.

El paisaje que rodea la estación científica es yermo; los únicos vestigios de vida son musgos, líquenes y algún que otro pingüino desubicado. El piso es de tierra negra y cantos rodados. Hasta la parte trasera de los módulos llegan las fauces del glaciar, que provee a la base de agua.  En el horizonte, como centinelas acechantes, se divisan las siluetas de las islas Barrientos y Dee, donde habitan miles de pingüinos y colonias de elefantes marinos.

En la Antártida cada acción adquiere un barniz casi fantástico. Sales a pasear a la ensenada y te tropiezas con alguna foca, los eclipses solares son muy frecuentes, pudimos contemplar uno donde, por unos instantes, el sol se transformó en una luna. Los partidos de fútbol son los más singulares del planeta: rodeados de glaciares milenarios, mientras escuchas cómo los témpanos caen al mar y tienes como espectador a un lobo marino.

elefante marino Antártida
© Miguel Ángel Vicente de Vera

Pero un viaje a la Antártida no es ningún juego. Si caes al mar tienes una esperanza de vida de unos 8 o 10 minutos como máximo, son varias las personas que han desparecido para siempre caminando entre los glaciares, “nunca lo olvidéis, la Antártida no perdona”, nos repetía una y otra vez el comandante Ortiz. A pesar de ello algunos expedicionarios (entre los que se encontraba este periodista) no desestimaron la posibilidad de realizar el clásico bautismo antártico. Básicamente consiste en sumergirse totalmente durante unos segundos en la orilla de la playa. Al introducirse el cuerpo recibe un latigazo eléctrico que asciende hasta la médula ósea.

También hay que tener en cuenta que no hay aeropuertos ni muelles. Cualquier actividad se realiza en bote de goma.  Toda la comida y el material de construcción se envía en barco desde el continente americano en grandes contenedores metálicos, desembarcarnos es una pequeña epopeya. En nuestro caso salimos de la Antártica en avión, desde la única pista de aterrizaje que existe, en la isla Rey Jorge. Tan solo si el clima es benigno el avión aterriza. Alguno de los expedicionarios ecuatorianos tuvo que esperar hasta 12 días, en esta ocasión tuvimos suerte, tan solo se demoró un día.

viaje a la Antártida
© Miguel Ángel Vicente de Vera

En una de las salidas visitamos Punta Ambato, un singular macizo costero, que por medio de la erosión adquirió las formas de un rostro indígena. El comandante Ortiz, la bautizó como Vigía Huancavilca, en honor a antiguos pobladores de las tierras de Guayaquil, para que el resto del año proteja a este pequeño pedazo del Ecuador situado en el fin del mundo.

Ecuador y el Tratado Antártico

En el año 1959 se firmó en Washington el Tratado Antártico, que regula las relaciones internacionales y los intereses del continente blanco. Dicho documento promueve la investigación científica, prohíbe las prácticas militares y congela cualquier tipo de reclamo territorial. Desde 1987 Ecuador es uno de los 53 países que forma parte del Tratado. Además, es uno de los 29 que tiene la categoría de miembro consultivo, es decir que tienen derecho de voto y también de veto, tal como ocurre a países como Rusia, China, Francia o Estados Unidos. El tratado tiene vigencia indefinida y solo puede ser modificado por la unanimidad de los miembros consultivos. La Antártida alberga el 70% del agua dulce del planeta además de enormes reservas de petróleo, metales y recursos minerales.

Datos de Ecuador en la Antártida

La primera expedición antártica partió desde Guayaquil en diciembre de 1987 a bordo del buque Orion, tras un viaje a la Antártida de tres meses.

La Armada de Ecuador inauguró en enero de 1988 el Refugio República de Ecuador en la isla Rey Jorge, en el archipiélago de las Shetland del Sur.

La Base Científica Pedro Vicente Maldonado fue inaugurada el 2 de marzo de 1990.

 

Datos del continente

La base rusa Vostok registró la temperatura más baja del planeta, -89 °C.

La Antártida tiene una extensión de 14 millones de kilómetros cuadrados.

En los meses de verano antártico los días tienen luz las 24 horas, mientras que en invierno la totalidad del día transcurre en la oscuridad.

La Antártida contiene en torno al 70% del agua dulce del mundo. Si se derritiera en su totalidad el nivel de agua aumentaría unos 60 metros.

Es el lugar más seco del mundo, con un promedio de 166 mm de precipitación anual.

Los viajes a la Antártida se realizan entre noviembre y marzo.

Existen unas 70 bases científicas.

 

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